Stop Radical Islam

El sueño de los charlatanes

Posted by sioespain en 9 abril, 2010

Serán malignos y fríos para provocar, pérfidos y calculadores cuando buscan publicidad para su causa siniestra, pero en modo alguno estos musulmanes europeos, que gozan de las libertades democráticas y también conocen sus vicios, entran en la categoría de simples o tontainas. Se les podrá llamar violentos o alboratodores, pero seguro que a estas horas duermen con la conciencia tranquila de haber conseguido lo que pretendían cuando cayeron en la cuenta de lo fácil que es hacerse famoso.
El debate sobre el rezo compartido en la Catedral de Córdoba, conocida como Mezquita por haberlo sido en un periodo que duró hasta 1236, ha terminado por ser tedioso y cansino, pero las voces que participan ofrecen un coro de paradojas y aristas a las que no está de más prestar atención, no porque digan nada interesante, que casi nadie de los que abren la boca mejora el silencio, sino porque constituyen el mejor retrato de cada uno de estos parlanchines impúdicos.
Hablan, primero, un puñado de musulmanes oportunistas, que callan cuando se les dice que en muchos países islámicos se persigue a los cristianos o a los ateos, pero que parlotean sin parar de la tolerancia, el diálogo y el ecumenismo que sólo exigen a la Iglesia Católica. Mirarán para otro lado cuando alguien les hable de leyes islámicas, lapidaciones de mujeres adúlteras y homosexuales en la horca, pero para el mundo no serán tan importantes sus silencios como las huecas piruetas con que quieren hacer pasar por un clamor lo que no es más que la voz de muy pocos.
Habla también la extrema izquierda, aquella que ha conseguido que la democracia, a fuerza de buscar la perfección, haya terminado por ser un círculo o una sierpe que, como la del juego, termina por morderse la cola. De tanto buscar la tolerancia y la libertad se han hecho amigos de quienes menos las respetan, con tanto odio al cristianismo se han olvidado de que la Iglesia inspiró los principios de la Ilustración y hace mucho que los ha incorporado a su comportamiento, y con tanto desprecio a los valores de Occidente han empezado a coquetear con unas teocracias que no tardarán en callarles la boca cuando terminen de serles útiles.
Tal vez entonces esta fascinación por el Islam y su cultura que ejercen como desprendidos turistas ricos en países pobres se les acabe trocando en siniestra y les haga añorar los tiempos en que atacaban a unos cristianos que se defendían como podían pero no decretaban penas de muerte.
Hablan, por supuesto, quienes no saben hacer otra cosa que abrir la boca: los políticos y los tertulianos que están a sueldo de ellos, y que son precisamente quienes menos tienen que hacerlo. Charlotean pidiendo diálogo y soñando con edades de oro futuras en las que el lobo conviva con el cordero, como si una de las dos partes no hubiese sacado un cuchillo y no se hubiese liado a muletazos con la Policía para demostrar que sus intenciones eran pacíficas.
Y habla, en fin, toda una corriente de opinión que persiste en considerar que la Catedral de Córdoba es en realidad una mezquita y que en lugar de felicitar a la Iglesia por haberla conservado como oro en paño durante tantos siglos se lamenta de que nadie desde allí llame a la guerra santa.
Igual que en aquellos sueños reveladores de la Biblia, me gustaría que vieran en una pesadilla cómo vivirían en el Al-Ándalus con el que sueñan y sufrieran la quema de los libros, la prohibición de Internet, la censura de los periódicos, la humillación de las mujeres y la persecución de la disidencia.
(Fuente: Luis Miranda)

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