Stop Radical Islam

Cruzada contra el islam

Posted by sioespain en 9 abril, 2010

La participación holandesa en la guerra de Afganistán rompió el enésimo gobierno de coalición liderado por Jean Peter Balkenende. El bloque laborista que formaba parte del ejecutivo dimitió en pleno tras conocer que el Primer Ministro pretendía prolongar un año más la estancia de las tropas de los Países Bajos en Uruzgán, una región situada en el centro del país asiático.

El Gobierno se disolvió y la Reina Beatriz convocó elecciones generales para el próximo 9 de junio. Según los escépticos de la maldad, los caprichosos designios de la casualidad quisieron que apenas catorce días después, los holandeses tuvieran que acudir a las urnas para unas elecciones municipales que apuraban sus últimos días de campaña. Por su parte, las malas lenguas hablan de auténtica estrategia política de carácter maquiavélico por parte de los laboristas del PvdA que, bajo la tutela de Wouter Boss, esperaron el momento ideal para abandonar el gobierno y dejar malherido (ante los votantes) al partido democristiano de Balkenende.

Con este escenario, los laboristas se presentaban convencidos de darle la vuelta al mapa político actual holandés, pero, como apuntaba Benedetti entre las páginas de su inmensa obra, cuando creían que tenían todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas. Y es que, el pasado 3 de marzo, el que surgió como principal vencedor de las municipales holandesas, con un apoyo del 16,97 por ciento, fue el Partido por la Libertad (PVV), del rubio anti islamista Geert Wilders.

El PVV, con tan sólo cuatro años de vida participaba únicamente en dos municipios de los 394 que componen Holanda. En el primero, Almere, gobierna desde entonces con un apoyo cercano al 22 por ciento de los votos. En el segundo, La Haya, el centro político neerlandés, se ha convertido en el principal partido de la oposición. Se trataba de medir el pulso político del país, de traducir el descontento generalizado en alternativas y, para muchos holandeses, el cambio tiene nombres y apellidos: Geert Wilders.

Las encuestas mensuales que realizan la televisión nacional holandesa (NOS) y la Agencia de Noticias ANP subraya, además, que si se celebrasen hoy las elecciones generales, el Partido por la Libertad de Wilders se convertiría en la tercera fuerza política del país y tendría la llave del gobierno en la mano.

Ha sido su política anti islamista, con claros ataques raciales y sociales la que ha convencido al electorado y los resultados han catapultado la figura del líder. Junto a este Partido por la Libertad nos encontramos el Leefbar, que sólo ha participado en Rotterdam, donde gobernará junto a los laboristas, pero que es imposible obviarlo. Se trata de los herederos de Pim Fortyum, figura política, también, anti islamista que murió asesinado en 2002 y que promulgaba las mismas tesis que Geert Wilders.

Es ahí donde encontramos el germen de este crecimiento del anti islamismo en Holanda. El miedo con el que el mundo acogió los atentados de las Torres Gemelas, en los Países Bajos se tradujo en una corriente comandada por un triangulo del que solo queda un vértice. Pym Fortyum, el cineasta Theo Van Gogh y la diputada liberal de origen somalí Ayaan Hirs eran para muchos los nuevos caballeros cruzados. Poco tiempo después de que conociésemos a Bin Laden, los tres comenzaron una dura campaña pública anti islamista, en ocasiones por separado y en otras juntos.

Tanto Pim Fortyum como Theo Van Gogh, fueron asesinados por radicales islamistas. Fortyum a la salida de una entrevista radiofónica en Hilversum, la ciudad de la comunicación holandesa y Van Gohg cuando paseaba con su bici por Amsterdam. Este último, además, de manera brutal y con una nota amenazante para todo aquel que heredara estos postulados. El propio asesino de Van Gogh declaró durante el juicio que actuó “estrictamente” en nombre de su religión y apuntó “si me liberasen, haría exactamente lo mismo”. Todo ello antes de dirigirse a la madre de la víctima para asegurarle que no sentía nada de lo ocurrido, “usted es una infiel”.

Un flaco favor para la comunidad musulmana holandesa (un 6 por ciento de la población) que se vio salpicada por unos ideales que, como apuntan diversas asociaciones islámicas del país “son sólo de unos pocos”. Pero tanto en los medios, como en la sociedad holandesa, ambas muertes tuvieron un amplio calado.

Esto lo ha aprovechado Geert Wilders para coger el testigo de unos ataques sin dueño desde entonces. Su ideario político va más allá del cierre de fronteras. Wilders busca la prohibición del culto en las mezquitas, del uso del burka y del Corán, al que en varias ocasiones ha comparado con el Mein Kampf de Hitler. Junto a esto, pretende la expulsión inmediata de los “terroristas callejeros marroquíes” y el cierre de las escuelas islamistas en territorio holandés. Según sus palabras, básicamente “defender la libertad que va a desaparecer como la nieve bajo el sol, en poco tiempo, si la ideología islámica penetra aún más en este país. El islam es una religión atrasada y una ideología fascista”.

Se escuda en la prevención. Sus postulados se basan en la política preventiva remarcando que los islamistas son una amenaza latente a día de hoy para la integridad del pueblo holandés, tanto cultural, como física. Además, utiliza, como todos los grandes extremistas políticos de la historia, la política del miedo.

Un terror que él sufre a diario en sus propias carnes. Es uno de los grandes amenazados por el terrorismo islamista. No sólo por estos comentarios, sino también por un documental que dio la vuelta al mundo (Fitna) y que hace que cada noche, el presidente del Parti Voor de Vrijheid (Partido por la Libertad) duerma en un apartamento con “más medidas de seguridad que el Banco Nacional”, según apuntan desde su gabinete. Un apartamento creado para él por el Gobierno holandés.

Y de nuevo, no hacen más que darle argumentos al que muchos en los Países Bajos consideran ya como el nuevo Cid Campeador, quien, apropiándose del término Eurabia, que acuño la escritora de origen egipcio Giselle Littman, continúa con su cruzada.

Littman creó con Eurabia un continente mitológico del futuro donde, “desde Noruega, hasta Nápoles, los niños aprenden a recitar el Corán en el colegio y las mujeres visten el burka. Salga a pasear por la calle y comprenderá a la perfección dónde nos encontramos hoy. Ya no nos sentimos en casa. En nada de tiempo habrá más mezquitas que iglesias”, apuntaba Wilders hace dos años mientras recitaba lo necesario que era pagar a los musulmanes neerlandeses para que abandonasen Holanda.

Por otra parte, los musulmanes (tanto holandeses, como residentes) afrontan con verdadera frustración la marginación que viven en los Países Bajos. Las encuestas realizadas por diversas Organizaciones No Gubernamentales descubren que la población musulmana, en su mayoría, se muestra sorprendida ante la idea de que quieren dominar el viejo continente. Junto a esto, están dispuestos a integrarse en una sociedad no islámica previo acceso a un verdadero trabajo. Mientras, ellos, siguen viviendo en guetos.

En el parlamento, los partidos de izquierdas pretenden elaborar un “cordón sanitario” que evite su avance. Incluso en La Haya se creó un partido llamado “Paren a Geert Wilders” para las municipales, que acabó con un resultado electoral irrisorio. Mientras, la derecha moderada, lo mira con cierto recelo y aseguran que no es tan fácil, que hoy día “se pacta con él y con su partido en el Parlamento”.

Lo que no deja lugar a dudas es el crecimiento político de Wilders. Tres veces se ha presentado al examen del pueblo. La primera en 2006 y obtuvo 9 de los 150 escaños que contemplan la Cámara Alta holandesa. Luego llegaron las europeas y su euro escepticismo sedujo a gran parte de la población alzándose como claro vencedor de las mismas. Las últimas hasta ahora, las municipales, han reafirmado esta tendencia.

Las próximas serán, según él, las que le catapulten definitivamente en la política nacional: “El 9 de junio seremos el partido más grande de Holanda”. Pero antes tiene que enfrentarse a la justicia por un delito de incitación al odio y de discriminación, que puede acabar con Wilders en la cárcel. Una sentencia que, según los analistas, le acercaría aún más a la presidencia holandesa. Si esto sucede, Holanda, seguramente, se convertirá en un país más pequeño…

(Fuente: Pablo Pérez – Utrecht, Holanda)

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