Stop Radical Islam

Cubiertas por el «niqab», las segundas esposas permitidas por la poligamia pasean junto a jóvenes que se emborrachan en las discotecas y transexuales

Posted by sioespain en 1 marzo, 2010

En Malasia no sólo se libra una guerra religiosa encubierta entre musulmanes y cristianos, sino también un pulso entre la apertura social que ha traído el desarrollo y la rigidez islámica, incompatible con la laxitud de las costumbres y la tolerancia propias del budismo en el Sureste Asiático.
“Hay una auténtica doble moral por parte de las autoridades”, denuncia el jesuita Lawrence Andrew. El sacerdote, director del semanario católico “Herald”, critica que “mientras los tribunales de la “Sharía” ordenan azotar a mujeres por beber cerveza o mantener relaciones sexuales extramaritales, la prostitución se ejerce abiertamente en la calle y los propietarios de muchos bares y discotecas son ricos hombres de negocios malayos”.
De hecho, algunos sultanes tienen fama de ser grandes bebedores de whisky, lo que choca con su título de “Yang di-Pertuan Agong” y máxima figura religiosa cuando les toca ocupar el trono, ya que la democracia en Malasia no es hereditaria, sino rotatoria. Cada cinco años, la corona se va pasando entre los sultanes de nueve estados, que ocupan el cargo ceremonial de reyes pero son muy respetados por los malayos musulmanes por representar las más ancestrales tradiciones culturales y erigirse como cabeza del Islam.
Pero, como los hábitos están cambiando a marchas forzadas por el progreso económico y la globalización, los jóvenes malayos, musulmanes por ley según el artículo 160 de la Constitución, se mezclan junto a chinos e indios para beber alcohol en locales de moda como “Zouk”, donde los porteros hacen la vista gorda al inspeccionar sus carnés de identidad, en los que consta la leyenda “Islam” bajo sus fotos. “El Gobierno está dando escarmientos a la gente para justificarse ante sus votantes más tradicionales porque la moral se ha relajado”, indica Liya, una joven guía malaya, después de echarse al gaznate nueve chupitos de tequila y B-52 y de bailar en la barra luciendo las esculturales piernas que deja al desnudo su minifalda.
Nada que ver con el “niqab”, una especie de “burka” que tapa todo el cuerpo menos los ojos, y los pañuelos cubriéndoles la cabeza que llevan otras mujeres. Permitidas por la poligamia, algunas son segundas o terceras esposas que se pasean con sus maridos, por cierto ellos en bermudas y tocados con gorras americanas, por las céntricas calles de Bukit Bintang. A cada dos pasos, aquí se ofrecen masajes incluso por “ladyboys” (transexuales), mientras que en el “Beach Club”, a la sombra de las Torres Petronas, trabajan cada noche “señoritas” venidas desde Vietnam, Indonesia, Filipinas, Tailandia y hasta Ghana.
Al tiempo que las páginas “web” pornográficas son las más visitadas por los internautas de Kelantan y Pahang, los estados más islámicos, la Policía de la “Sharía” (JAIS) patrulla por bares y parques buscando jóvenes musulmanes bebiendo o cometiendo el delito de “khalwat” (excesiva proximidad).
Aunque algunos juristas ya han propuesto extender a toda la sociedad la prohibición de besarse y acariciarse en público vigente ahora sólo para los musulmanes, las otras etnias y grupos religiosos, como chinos budistas, cristianos e hindúes, se oponen tajantemente. Con la fuerza que les da sumar el 40 por ciento de los 28 millones de habitantes de Malasia, se niegan a regirse por la “Sharía” y quieren seguir bajo la jurisdicción de los tribunales civiles.
Mientras tanto, el sacerdote franciscano Valentine Gompok denuncia que “para los cristianos es cada vez más difícil profesar nuestra fe”. Como consecuencia, el número de bautismos de adultos convertidos ha caído del millar de hace cinco años a los 629 que se celebrarán esta Semana Santa.
“El problema es que hay una islamización de las leyes, pero debería regir un sola regulación civil para todo el mundo”, se queja Basil Yap, un ingeniero de 33 años que ha abrazado la fe católica gracias a su novia Nelly Genove, quien pertenece a la etnia “kadazan” de Borneo. Como herencia de la época colonial, la mayoría de la población es cristiana en Sabah y Sarawak, los estados malasios de esta isla compartida con Brunei e Indonesia.
De Sabah también procede Anne James, una estudiante de Geología cuya familia se cambió el apellido al convertirse al catolicismo y tiene parientes musulmanes. “La convivencia siempre ha sido buena y espero que la radicalización islámica  del Gobierno no quebrante la paz de mi país”, confía la joven.
(Fuente: Pablo M.Díez -Kuala Lumpur).

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