Stop Radical Islam

Turquia y Marruecos no son Europa

Posted by sioespain en 19 febrero, 2010

La población musulmana en España se cifra en torno a 1.250000 individuos. Las bucólicas imágenes de la bonanza económica y el bienestar del que se disfrutaba en España, proporcionadas por las televisiones nacionales que se captan en el Magreb, así como las facilidades ofrecidas por los gobiernos socialistas, espolearon una nueva invasión musulmana de España, esta vez camuflada como un fenómeno “espontáneo” de inmigración ilegal. Se trataba de dar cabida en nuestro país a unos indigentes que intentaban escapar de la miseria endémica que asola sus países y que venían a España en busca de pan y trabajo. Una vez más, se esgrimieron torticeramente las manoseadas razones “humanitarias” y a quienes osaron plantear la mínima objeción, se les tildó de xenófobos.

Hoy sabemos que esa inmigración “espontánea” estuvo perfectamente pergeñada y que no es más que la avanzadilla de una nueva invasión norteafricana cuyos efectivos superan con creces a los del año 711.

Al principio, este flujo, tan numeroso como innecesario, de inmigrantes magrebíes ilegales, fue absorbido y regurgitado por el mercado laboral de aquella lejana y quimérica época del “España va bien” y del boom inmobiliario: una suerte de El Dorado que se auguraba inagotable.
La construcción a granel, la agricultura en régimen de semi esclavitud, la hostelería con salarios paupérrimos y las empresas de servicios con jornadas interminables, fueron algunos de los “agujeros negros” de nuestra economía donde recalaron estos inmigrantes ilegales, como una auténtica plaga bíblica.

Pero la crisis económica también ha alcanzado a los que dejaron sin empleo a tantos españoles y muchos se encuentran, como antes ellos, en situación de desempleo.

Por eso ahora, los mismos que alentaron esa invasión masiva al grito de “papeles para todos” admiten, con cierta preocupación mal disimulada, que ese millón y cuarto de musulmanes empiezan a representar un peligro para la convivencia pacífica. Y eso que sólo estamos en el inicio de la crisis. Cuando esos inmigrantes se encuentren sin trabajo y sin recursos económicos para subsistir ¿qué harán? Algunos colectivos de extranjeros ya han dejado entrever veladas amenazas.

No obstante, y a pesar de la evidente incapacidad de nuestro país para seguir absorbiendo más inmigración, venga de donde venga, se sigue promocionando ésta a través de eslóganes que llaman a la solidaridad.

Entretanto, mientras los miembros de partidos legítimos, como Democracia Nacional, tenemos que reunirnos prácticamente en la clandestinidad, desde las mezquitas, improvisadas o de sólida factura, los clérigos musulmanes llaman a la yihad o guerra santa contra quienes les han rescatado del hambre y la miseria: España, Francia, Reino Unido, Alemania…

Las mezquitas de han convertido en auténticas “ikastolas” del terrorismo musulmán y en las peroratas yihadistas que lanzan los imanes, los conceptos religiosos se entremezclan con arengas políticas cargadas de animadversión hacia Occidente. Porque en el islam, política y religión son una misma cosa: odio.

En un bilioso panfleto que rezumaba rencor hacia Occidente, leído por el fanático activista musulmán Recep Tayyip Erdogán, a la sazón alcalde de Constantinopla (Estambul), y hoy presidente de la república teocrática de Turquía, se decía lo siguiente: “Las mezquitas son nuestros cuarteles, los alminares nuestras bayonetas, las cúpulas nuestros yelmos y los creyentes nuestros soldados”.

Estas lindezas a modo de libelo salían de la párvula boca del Gran Turco Erdogán, principal, y único socio, del señor Rodríguez-Zapatero en su Alianza de Civilizaciones, de facto, una vía más para facilitar la islamización de España y Europa, al tiempo que en los países musulmanes se sigue persiguiendo con saña a los cristianos y ejerciendo la más brutal represión contra las mujeres, los homosexuales y las minorías étnicas.

Los fanáticos islamistas y sus cómplices occidentales, los burócratas “políticamente correctos” no cejan en su empeño de hacer realidad el proyecto Eurabia, una aborrecible utopía en la que los europeos seremos islamizados y sometidos por la fuerza.

Exactamente como lo vienen anunciando reiteradamente Al Qaeda y sus secuaces. Así, según esta chusma: “hay que pasar a acciones más contundentes para ‘desinfectar’ España de españoles”.

Desinfección es un sinónimo de exterminio, ya que lo que hace un bactericida es, precisamente, exterminar las nocivas bacterias que la provocan.

¿Quién se acuerda ya de aquellos casi 200 muertos y más de 1800 heridos de los trenes de Madrid en aquel infausto 11 de Marzo de 2004? Un brutal atentado perpetrado por marroquíes en nombre del islam y que, además, influyó decisivamente en las elecciones generales de entonces. Sin embargo, la simple evocación de aquel crimen es considerada una actitud provocadora y políticamente incorrecta. Jamás se investigó la posible implicación de los servicios secretos marroquíes en la matanza, lo único que sabemos es que Marruecos es el principal receptor de inversiones españoles y de fondos de cohesión europeos que, aunque destinados a Andalucía, se están desviando a ese país magrebí que no deja de demostrarnos su “agradecimiento” con innecesarios conflictos diplomáticos. Es la constatación palmaria del “morder la mano que da de comer”.

Mientras en la indolente España progresista, narcotizada con los efluvios místicos del “fútbol para todos” y “aborto para todas”, al tiempo que las moras no dejan de parir en cualquier rincón, nuestros políticos optan por permitir a los musulmanes que construyan sus mezquitas, profesen su religión libremente, se respeten sus horas para el rezo en los centros de trabajo, se permitan clases de islam en las escuelas públicas, al tiempo que se destierra la enseñanza de la religión cristiana y se prohíben los belenes y villancicos por considerarlos “ofensivos” para el fino y sensibilísimo oído de los agarenos.

En Bosnia, un país musulmán de nueva factura incrustado en el corazón de Europa (ese sí) por obra y gracia de EEUU y Turquía, los musulmanes no permiten a los cristianos reparar sus iglesias destruidas por la guerra y menos aún construir otras nuevas. Siquiera practicar su religión con un mínimo de dignidad. Los cristianos de Bosnia viven como lo hacían sus antepasados en la época de Diocleciano y las catacumbas. Eso si no son directamente degollados por el “execrable” crimen de ser cristianos en su propia tierra. Porque en Bosnia, como en España, los que estaban primero fueron los cristianos, no la morería y sus mezquitas que huelen a pies.

En pocas palabras, que la purulenta patraña conocida como Alianza de Civilizaciones proclamada por Zapatero, es la mayor gansada jamás contada, palabras propias de una mente delirante y totalmente divorciada de la realidad. Pero un tonto, lo mismo que un malvado, puede destruir un país si dispone de poder para hacerlo.

Desde el propio Rodríguez Zapatero, al popular Vidal-Quadras, la lista de políticos españoles que se han mostrado favorables a la entrada de Turquía en la UE es interminable. En contraposición, más de la mitad de la población turca se opone a que miembros de otras religiones celebren reuniones religiosas en su país o que difundan su fe mediante cualquier forma de expresión.

¿Cuántas iglesias existen en Arabia Saudí? ¡Ninguna! Sin embargo, ¿cuántas mezquitas hay en Roma? ¡Muchas! ¿Por qué hemos de tolerar a esa gente en nuestra ciudad santa, si ellos no nos toleran en la suya? ¿Por qué no podemos construir nosotros una iglesia en La Meca?

Según una encuesta recientemente publicada, el 59 por ciento de los encuestados en Turquía dijo que a los no musulmanes o “no les deben” o “absolutamente no les deben” ser permitidas reuniones abiertas donde puedan debatir sus ideas o hacer proselitismo. La encuesta también reveló que casi el 40 por ciento de la población de Turquía dice tener percepciones “muy negativas” o “negativas” de los cristianos. En dicha encuesta hecha al azar, el 60 por ciento de los encuestados dijo que existe sólo una religión verdadera; la suya, evidentemente. Más del 90 por ciento de la población de Turquía es musulmana suní. Alí Çarkoglu, uno de los dos profesores en la Universidad de Sabanci que realizaron el estudio, dijo que “ninguna reunión religiosa extra musulmana en Turquía, está libre del riesgo de ser atacada con violencia”.

(Fuente: Libertad Digital).

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